Automata 2.0
Un abril desgarrador, el otoño con toda su pericia levanta un viento de fin de semana. La gente corre a sus casas, dónde encontrar brazos abiertos si no¿? Torsos que estrechar. Un vilo de montañas inunda sus cuerpos, sus mentes… esperar, esperar algo que los saque de la duda, del desconcierto nuevo que vuelve sensiblemente trascendido una vez más, el desconcierto de Abril sigue su curso, su devenir asusta a esos que ya lo han visto una y otra vez llegar engrandecido, y empieza a incomodar a los menos transitados que oyen sus pasos lejanos resonar en sus estómagos, su interior es el nido en las alturas. Como si se tratase de un ataque de pánico inesperado la mayoría, sin previo aviso, corre con premura hacia puertas y ventanas, las cierra con llave y trabas, las clausura con vigas de maderas o metal. Y se sienta, se sienta esperando un nuevo Mayo. Así, ellos salen de sus cajas, del polvo. Van y van, sin más. Es que no hay posibilidad de más. Hasta que vuelvan al polvo, sin más. Ese algo es nada y nada es ese algo. Todo es constante para ellos. Qué importa¿?

