El chancho se comió en Frankfurter

•22 octubre 2010 • Dejar un comentario

Huracán “Aniska” azota Meamaret

•13 octubre 2010 • Dejar un comentario

MEAMARET, Luna de Anenda (Ag. profiterols) | 13 de Octubre

El huracán “Aniska” arrasó la ciudad de Meamaret, localizada en el cuadrante sur de Anenda a unos 850 km de Purole, ayer hacia la media noche (GTM-5). Con una fuerza de 4 en la escala Saffir-Simpson y con vientos de hasta 250 km/h, destruyó todo a su paso, se estiman cientos de muertos y millones de baaraneses en pérdidas materiales. El amanecer en esta ciudad, a orillas de mar de Kappe, hizo visible un escenario desgarrador. Calles devastadas, colmadas de gente desorientada en busca de alguna ayuda. La guardia civil, presente en unos pocos puestos improvisados, quedó totalmente superada por la magnitud del acontecimiento. Las autoridades, en un comunicado de emergencia, pidieron asistencia de la comunidad interlunar para palear las secuelas de esta catástrofe natural. Las palabras de una victima del terrible evento que, logrando escapar de su casa en ruinas, fue trasladada hasta el hospital “Derrick Bagú” en el centro neurálgico de la ciudad, reflejan la situación mayoritaria entre los meamaretanos: “estábamos acostados cuando de pronto se escucharon como explosiones lejanas que parecían irse acercando, rápidamente me levanté y al mirar por la ventana, vi como a  cuadras de distancia volaban los techos de las casas y las paredes caían como si fueran de cartón. Salimos corriendo y poco después pudimos ver como se desplomaba nuestro propio hogar.” La OLU anunció una linea de ayuda directa para victimas de Aniska próxima a habilitarse en las siguientes horas, junto con el envío de provisiones y personal de rescate. El panorama es desalentador e incierto, en declaraciones el ministro de interior señaló “ante esto solo nos queda mirarnos detenidamente y dar todo aquello que encontremos en nuestra introspectiva búsqueda, esperando que sea suficiente para despertar de esta pesadilla y volver a creer en que podemos ser felices”.

Juan Carlos Gomez Sanzet, enviado especial.

Automata 2.0

•7 octubre 2010 • Dejar un comentario

Un abril desgarrador, el otoño con toda su pericia levanta un viento de fin de semana. La gente corre a sus casas, dónde encontrar brazos abiertos si no¿? Torsos que estrechar. Un vilo de montañas inunda sus cuerpos, sus mentes… esperar, esperar algo que los saque de la duda, del desconcierto nuevo que vuelve sensiblemente trascendido una vez más, el desconcierto de Abril sigue su curso, su devenir asusta a esos que ya lo han visto una y otra vez llegar engrandecido, y empieza a incomodar a los menos transitados que oyen sus pasos lejanos resonar en sus estómagos, su interior es el nido en las alturas. Como si se tratase de un ataque de pánico inesperado la mayoría, sin previo aviso, corre con premura hacia puertas y ventanas, las cierra con llave y trabas, las clausura con vigas de maderas o metal. Y se sienta, se sienta esperando un nuevo Mayo. Así, ellos salen de sus cajas, del polvo. Van y van, sin más. Es que no hay posibilidad de más. Hasta que vuelvan al polvo, sin más. Ese algo es nada y nada es ese algo. Todo es constante para ellos.                                                              Qué importa¿?

(sanguchitos de miga)

•29 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Había una vez una ciudad. Había una vez una ciudad grande. Había una vez una ciudad grande y lejana. Había una vez una ciudad grande y lejana en la que. Había una vez una ciudad grande y lejana, en la que vivía. Había una vez una ciudad grande y lejana, en la que vivía un chico. Había una vez una ciudad grande y lejana , en la que vivía un chico que podía. Había una vez una ciudad grande y lejana, en la que vivía un chico que podía (sanguchitos de miga) y no. Había una vez una ciudad grande y lejana, en la que vivía un chico que podía (sanguchitos de miga) y no quería. Esta era una ciudad de. Esta era una ciudad de casas. Esta era una ciudad de casas, en la que. Esta era una ciudad de casas, en la que no existían. Esta era una ciudad de casas, en la que no existían edificios.  Esta era una ciudad de casas en la que no existían edificios y sus. Esta era una ciudad de casas en la que no existía edificios y sus habitantes. Esta era una ciudad de casas en la que no existían edificios y sus habitantes querían. Esta era una ciudad de casas en la que no existían edificios y sus habitantes querían, pero no. Esta era una ciudad de casas en la que no existían edificios y sus habitantes querían, pero no podían. Esta era una ciudad de casas en la que no existían edificios y sus habitantes querían, pero no podían (sanguchitos de miga). Todos. Todos ellos. Todos ellos menos. Todos ellos menos un. Todos ellos menos un chico. Un día como cualquiera. Un día como cualquiera llegó. Un día como cualquiera llegó desde. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no había casas. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no había casas, una chica. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no había casas, una chica que tocó. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no había casas, una chica que tocó el timbre. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no había casas, una chica que tocó el timbre en la casa de. Un día como cualquiera llegó desde una ciudad de edificios en la que no había casas, una chica que tocó el timbre en la casa de un chico. Este le abrió. Este le abrió la puerta. Este le abrió la puerta, la dejó. Este le abrió la puerta, la dejó entrar. Este le abrió la puerta, la dejó entrar y después. Este le abrió la puerta, la dejó entrar y después de un tiempo. Este le abrió la puerta, la dejó entrar y después de un tiempo quizo. Este le abrió la puerta, la dejó entrar y después de un tiempo quiso (sanguchitos de miga). Desde ese momento. Desde ese momento hubo un. Desde ese momento hubo un edificio. Desde ese momento hubo un edificio en la ciudad. Desde ese momento hubo un edificio en la ciudad de casas. Desde ese momento hubo un edificio en la ciudad de casas y los que. Desde ese momento hubo un edificio en la ciudad de casas y los que querían (sanguchitos de miga). Desde ese momento hubo un edificio en la ciudad de casas y los que querían (sanguchitos de miga) y no podían. Desde ese momento hubo un edificio en la ciudad de casas y los que querían (sanguchitos de miga) y no podían, pudieron.

La máquina del tiempo

•24 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Vio a un costado del escritorio un lápiz. Justo lo que había estado buscando, un lápiz. Lo tomó, se sentó y comenzó a escribir en su cuaderno.  La luz cálida de la lampara a su izquierda, revelaba tenue el cuarto en penumbras; gruesas cortinas de terciopelo, impedían la entrada del sol de las 4 de la tarde. Después de redactar un par de correctos párrafos alzó la cabeza y comprobó con estupefacción que se encontraba en el pasado. Lo sabía con certeza ya que había revivido la escena, que ahora se revelaba intacta, muchas de veces en su cabeza.  Noches analizando, uniendo las piezas de un rompecabezas imposible, de una realidad que abortada parecía inalcanzable. Esta era su oportunidad de alterar los hechos, de moldearlos y crear su propia criatura, una que estuviera bajo su control. Llegado el punto de inflexión, el lugar donde liberar a esa criatura de diseño, fue incapaz.  Ni siquiera modificó el ritmo tosco de su respiración, no quiso o no pudo o algo más, no supo bien el por qué y le resultó irrelevante. Con liviandad se dejó llevar por la corriente, y un aire invadió su lecho impregnándolo de un aroma sutil a desilusión, un aroma entre frutal y picante, como jengibre fresco. De pronto sus ojos comenzaron a irritarse, pestañeo varias veces. Fijando la mirada nuevamente, se percató de que otra vez estaba frente al escritorio, en soledad ante su cuaderno. Se tomó un momento, un minuto, quizás un poco más, e inmediatamente después agarró con ambas manos el lápiz que había encontrado y lo partió, destruyéndolo por completo. Se sacudió las astillas de las manos y alejó la silla del borde del escritorio. Se paró firme, caminó hacia las cortinas y las abrió, dejando pasar el sol de las 4 de la tarde.

Las aventuras de Matías, el pibe que no sabía su apellido (#0)

•10 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Le llamaban la atención los techos de superficie curva. Producían en él, una suerte de atracción incontenible. Como la que le produce cualquier hermosa mujer a un hombre vulnerable. Muy a menudo se enfocaba en buscar entre los edificios esta particularidad, se puede decir que se había convertido en una nueva obsesión, cada vez que se adentraba en alguna calle u avenida. Esa tarde volvía en subté de la escuela.

Como cosa, el subté tenía algo bueno y algo malo. Por una parte era rápido y cómodo, pero a su vez  negaba el exterior y entregaba muchas veces un olor repúgnante. Un olor a vacío, un olor muerto, la textura del aire era pesada, densa, como puré de papas instantáneo, semejante al que comía las noches en las que estaba solo en La casa. Sentado a un extremo del vagón, miraba los carteles ubicados en la pared contraria, pensando. Su mente se aislaba a tal punto, que a veces se asustaba al darse cuenta cuan profundo podía sumergirse y cuan basto era. Ya se había hecho habitual que se pasara su estación de destino, pero esto le sucedía en todo medio de transporte no solo en el subtérráneo. Frecuentemente sentía estar viviendo una vida dos paradas más allá de la suya, en un lugar donde lo ajeno se vuelve inevitablemente cotidiano y permanece como propio en silencio, sin que nadie lo sepa, pero por ser lo único existente y no lo verdadero.

El anhelo nostálgico de lo verdadero llevaba a Pilcro a un solo camino posible: a la pura mierda, literalmente a lo desechado, a la verdad que había muerto para vivir. Ese cadáver en el que se había convertido, él sabía, era lo más cercano a ella que le era inteligible. En ese camino el muchacho estaba obligado a nadar en la basura, en lo marginal y grotesco, aquello que las perzonas pretenden inexistente, que no quieren ver o escuchar y mucho menos recoger.

Por un momento un cartel luminoso, anunciando la siguiente estación, lo sacó de sus cavilaciones: Plaza Italia. Era la primera vez que asociaba el nombre de esta plaza con el país de Italia. Una infinita curiosidad, no por este Estado europeo sino por como la repetición tan sistemática termina alejando a la palabra de su significado mentado, lo invadió. Pensó en los pocos que ven a esta determinada plaza como una plaza de los italianos o de nacionalidad Italiana y se le ocurrieron múltiples ejemplos de casos similares que, tres segundos después, habían desaparecido tan rápido como todo lo demás.

Este encontrar lo verdadero tenía un correlato en la realidad, mucho más allá de que en el ser de Pilcro no estuviera tan taxativamente definido.  El muchacho frecuentaba situaciones y lugares que por mucho traspasaban lo inadecuado para sus 13 años. Lugares donde el hedor a obscenidad brota desde cada imagen, donde la miseria e impotencia son subsidiarias de una profunda soledad, la soledad de lo inmutable. Aquí cualquier teoría sobre lo social o sobre lo humano, se derrumba como una casa de cartas ralas bajo asedio de algún aliento tibio, aquí el rey legítimo es la víscera.

*

Calamidad Vives: Médica Ginecóloga y Obstetra. Entre rasguños de un dolor intenso, Karla solo pudo distinguir estas palabras de la nube de acontecimientos que se movía a su alrededor. Esta, como aquellas nubes violáceas que amenazan al crepúsculo, parecía arrancada de un espacio diferente, con un tiempo propio. En su semi-concienzudo y pos-narcolépsico estado, notaba como lentamente la envolvía la voz de su cuerpo. Nunca había experimentado, en sus veintitantos años, una sensación así. Ese susurro húmedo se filtraba, no a través de sus oídos, sino a través de cada poro de su piel, anunciando en in crescendo que su hijo estaba por nacer.

*

Pilcro ya no tenía tantas libertades desde que había faltado dos días de su casa. Calamidad, su madre, sentía dolor cada vez que veía a su hijo a los ojos, este era su máximo secreto. Se culpaba por el inusual comportamiento del muchacho, y estaba dispuesta a cualquier cosa para este que fuera una persona normal. Pero a pesar de su ahínco, todo intento en este sentido eran infructuoso, se desvanecía, como el encanto de un cachorro con el tiempo. Para terminar de llenar la enorme bañadera de culpas en la cual estaba sumergida, trabajaba la mayor parte del día, y dos veces a la semana lo hacía también por la noche. Durante estas ocasiones Lucía, una joven apática y mal hablada, se quedaba en La casa con su hijo.

*

Cuatro eran las cuadras que separaban la estación de su casa, esas mismas cuatro cuadras cada día, eran como las imágenes de una película que un cine de barrio no cesa de proyectar. Una pantalla amarillenta; una imagen estirada y entrecortada; el bullicio de  niños emocionados que, distanciados de sus padres por unas horas, se sienten invencibles, intocables, son gaviotas sobrevolando la costa. A través de ellas Pilcro caminaba a una velocidad que le era propia, distinta a todas las demás velocidades que se sucedían en ese mismo espacio, permitiéndole convertirlo en el lugar más privado del mundo. Esa velocidad era su escondite, su refugio íntimo.
Antes de tocar la puerta de La casa, hurgó en el bolsillo derecho de su pantalón de jean gris topo, unos segundos después sacó un papel arrugado y lo leyó. El plan de escape era simple: atrasaría el reloj pulsera de su madre, no demasiado, unos 20 minutos (él sabía que toda su vida se guiaba en base al tiempo dictado por este objeto) ella se vería obligada a irse antes de que Lucía llegara por culpa del reloj atrasado, creyendo que de no ser así llegaría tarde para cubrir la guardia del hospital. Pilcro aprovecharía este momento a solas, por mínimo que fuera, para escaparse.

*

-Hijo, me tengo que ir a trabajar y la chica esta que no llega. ¿Te podrás quedar un ratito solo? Ella esta tarde me confirmó que venía, no se que le debe haber pasado a esta pendeja… Al final no puedo confiar en nadie, todo el mundo hace lo que se le canta el culo.
-No te preocupes, andá. Mientras te bañabas, llamó y me dijo que por ahí se demoraba unos minutos.
-¿Por qué no me decís antes? ¡Me tengo que ir ya! Hoy estoy a cargo de la unidad y no puedo retrasarme. Por favor no hagas nada raro, quedate tranquilo hasta que ella venga ¿Si?
-Sí.
-Te dejo encerrado así me llevo mi juego de llaves, ella tiene el suyo…. Vení, dale un beso a tu madre. No no, vos a mi. Chau Pil.
-Chau mamá.

*

-Gorda. Karla! Quedate tranquila, respirá…eeeso respirá. Estas haciendolo muy bien, ya casi terminamos. Ahora necesito que pujes una ves más con todas tus fuerzas… Cuando yo diga 3
- No puedo, estoy muy cansada.
-Si que podés, dale… El último esfuerzo. A la cuenta de tres: 1, 2…

*

El agua estaba tibia cuando toco la planta de su pie derecho, era realmente agradable. Muy lentamente (desde muy pequeño fue incapaz tolerar los cambios bruscos de temperatura) fue hundiendo cada pulgada de su cuerpo hasta quedar cubierto de liquido casi por completo. Solo su cara permanecía fuera del agua, seca, así como una flor en la superficie de un camalote que, flotando a la deriva en un río ancho e impune, se mueve sin saberlo. Mientras observaba al color invadir la escena, peleando hasta el último aliento contra la transparecia impoluta, sus ojos se cerraban poco a poco con un convencimiento notable. El ardor fue calor reconfortante, calor que sería fría verdad. Tres segundos después se fundió en un abrazo.

*

-…3. Perfecto yyy, ya está! Es un varón Karla! Divino y completamente normal .
Al ver a ese bebé, a su bebé, Karla supo algo. Una vez en su interior, ese algo se multiplicó. Fue como si ese algo hubiera parido de inmediato un algo más, y ese algo más hubiera a su vez parido algo distinto, y ese algo distinto otro algo. Al abrazarlo suavemente, todos esos algos se volvieron parte indivisible de su escencia.
- Enfermera, anote el nacimiento para el registro por favor: Fecha, 14 del corriente mes; Hora: 00.10

The net will appear

•5 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Nena pisando las rayas entre las baldosas de la vereda (mujer evitando pisar las rayas entre las baldosas de la vereda)

Hoy cociné con ajo.

´

•25 agosto 2010 • Dejar un comentario

(jnlksswxsaloiiuriibhblnvi) La eterna busqueda de una puerta verde, me obliga a girar la cabeza en cada esquina, cruzaré através de ella y me llevará a otro lado. La vida no me deja tranquilo mientras busco mi puerta, me molesta y me desconcentra; es el desorden aleatorio de lo palpable lo que me persigue hasta agotarme. Como sobre todo, alguien decía algo sobre esto: “las puertas verdes son raras y peligrosas, llenas de polvo, rechinando al abrise y al cerrarse” creo intuir que alguien se pasó su tiempo buscando una. Cierta parte de mi está segura de conocerla tal cual es, aunque no tenga manera de saberlo; me siento su hijo, un hijo amado, pero perdido, poco a poco olvidado. Así como las cosas que desisten con el devenir, como ciertos dolores que se cansan de persistir y un día desaparecen sin más, dejandonos sin la posibilidad de saber si estamos vivos, como anclados a nuestra propia tragedia, nuestro propio mundo de insensibilidad. Así siento que me abandonó mi puerta y así la busco, es un camino de perdidas, de perdidas y apatía calculada a inconciencia, sin segundas cavilaciones, como estirarse hacia una certeza necesaria. Su rumor, lo único que es en un universo que ya no es, hipnotiza.  Mientras se busca una extraña puerta verde que lleva hacia otro lado, no se puede encontar más que una extraña puerta verde que lleva hacia otro lado. (mcklsdmncklsdnñklnjbieoij)

Puerta encontrada por muchacho en un sueño. Al despertar se da cuenta de que no hay más ketchup, se olvida del asunto.

Lunes a la tarde, escuchar para no escuchar

•16 agosto 2010 • Dejar un comentario

Where is the love?     Talk     The hardest part     Rebellion(lies)     Firth of fifths

Pizza conmigo

Me quedo aqui     Seven days in sunny june     Bedshape

La sed verdadera     El marcapiel

La sorpresa de jorge     Solo el amor puede sostener     No quiere decir     13 dìas

La despedida     Sufre, sufre     Tu culpa     La cèlula que explota

via con me     Violentango

Outside the wall

(toca el timbre cura, bajo y no està)

Hello, goodbye

(-)

Un meteorito de chocolate me partió la cabeza

•14 julio 2010 • Dejar un comentario

…Y yo aca, en el pastizal al que llamo por su nombre, sigo mareado y buscando los pedazos. Mientras tanto, todos los demás, se morfan una fodue dulce y discuten sobre la propiedad privada.

Lo supe desde el principio: iba al supermercado y lo sabía; me comía un pancho y lo sabía; manejaba un escalectris y lo sabía; me cepillaba los dientes y lo sabía. Sabía que en un determinado momento y lugar, inevitablemente dejaría de ser un espectador, para pasar a ser una victima de este dulce objeto.  Que después de haber recorrido más de 400 millones de milímetros, impactaría de lleno en mi cuerpo, destrosando mi sensibilidad.

Por qué no me corrí ¿? porque quería que me destroce… Es muss sein

(12 de Mayo de 2009 – 17:54)

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.